Giras

La compañía Historia Giras

Primer Gira.

Cuatro años de intervenir subtes nos respaldaban. Y unas ganas ardientes de atravesar Sudamérica. Nada más. Quizás sí, muchas cosas, la mayoría inservibles. Lo mejor de nuestro equipaje era Arturito, el amplificador que aguantó la travesía y que con el tiempo se las rebuscó para seguir viajando por su cuenta. Todo eso teníamos, y una intuición. Que de tan intuición ya era una necesidad. El viaje iniciático había comenzado por Los Andes. Nuestras únicas armas, los corazones encendidos. Que cuando latían al unísono se llamaban Soñando Historias.

El año 2006 de los romanos comenzaba. Nosotros, Juan y Galileo, salimos al continente sin certezas, sin planificación y contra hartos pronósticos, con la excusa de llegar al Foro Social Mundial en Caracas. Así que rajamos la tierra de un primer tirón hasta Lima. Y otro arrebato hacia un lugar esencial, Ecuador. Allí se abrieron puertas que ya no se cerrarían. Allí se dieron encuentros determinantes. Nombró a Pato y a Isabel y a su temazcal sagrado, nombro a Benjamín y a ese valle. Y los hermanos ambateños. Luego Venezuela nos recibió con fulgor socialista. El FSM ardió y nosotros con él. Nuestro ruedo callejero recién nacido, comenzó a caminar. En esa Caracas de entonces, caliente y lluviosa, aparecieron nombres que nos acompañarían para siempre. Y que para siempre serían protagonistas de nuestras historias. Digo Nieves, digo Óscar, digo Inti. La mujer sagrada, el hombre de fuego y el payaso millonario. Ítems de hierro, que le dieron un sentido trascendental –de trascender- a aquella primera gira. Pronto volvimos, siempre en interminables viajes de bus. Colombia volvimos a contemplarla extasiados desde las ventanillas. Y otra vez Ecuador. Y sus profundidades que nos cautivaron y nos condujeron a su intimidad muchas veces más. Luego de todo este triunfo espontáneo. Con los corazones hinchados y los bolsillos orgullosos del dinero ganado, nos detuvimos en La Paz. Bolivia, llena de gualichos y de callecitas, fue generosa. El simbólico concierto del fantasma de Mano Negra. Y el regreso al país. A la ciudad que nos dio el aceite que nos llevó por Sudamérica. Tres meses que fueron siglos.

Cuando volvimos, algunos preguntaban “¿Y los muchachos?”… porque no nos reconocían.

Segunda Gira.

El otro verano llegó lleno de los brotes de la primera gira. Aquí y allá las voces convocaban a profundizar esas primeras marcas tímidas. Nos habíamos estado preparando desde el mismo día que regresamos, allá por marzo de 2006. Fuimos amasando nuestra nueva criatura: Libres Lombrices. La hermana menor de Soñando nació distinta, rebelde, con una personalidad que luego comprenderíamos multi-identitaria o -para no dar vueltas- esquizofrénica. Aprendimos a lo largo de los años siguientes que las obras tienen personalidad y vida propia. En ese sentido, en aquel verano de 2007, nació una obra mutante. Una obra que luego sería miles, sin dejar nunca de ser la misma. Pero entonces sólo era la segunda parte de las aventuras de Galo. Nuestra segunda carta para viajar.

La gira nos esperaba llena de sorpresas y de imprevistos. Ninguna seguridad fue definitiva. Unos se fueron, otros recién llegaron, unos nos resguardamos, pero finalmente siempre terminamos multiplicándonos. Fede pasó y  dejó su marca. Mati llegó y repartió soltura. Yo volví a casa antes de lo previsto. Y allá arriba apareció Fer, como designado. Gira desordenada y feroz. Hippie, callejera. Gira antitética, polarizadora. Pobre, desobediente. Gira solidaria. Desafío de ser o de no ser. Gira guerrera. Gira dos.

Pero en aquel vértigo, grandes momentos. Humahuaca, soleada y de buenos augurios. La Paz entre amigos. Las piedras de Cusco y el primer embate moralista. Ecuador fraternal, Tungurahua ardiente. Catarsis de una despedida forzosa. Colombia desmitificada. Venezuela social y caliente. Retiro creativo en Mérida. Y el nacimiento de Victorio, el reidor. Aquella primera versión despreocupada, que marcaría cierta impronta a esa obra que siempre nos acompaña, aunque ahora es una obra madura. Y volver después de tantos meses. Recorrer el camino en reversa. Colombia que deja sabor a poco. Ecuador paso obligado, lavado espiritual. Recta final en Chile. Primeras bienvenidas. Golpe imprevisto de los ratones aduaneros. Gran encuentro, coalición que sería medular. Buenos Aires punto de referencia estable para recargar y poder disparar más fuerte.

Tercera Gira.

Ni siquiera habían pasado dos meses y ya nos sentíamos listos y ansiosos por volver a salir. Ya habíamos hecho dos viajes grandes. Habíamos sobrevivido a grandes pruebas vinculares. Era hora de salir sin fechas. Ir para no volver. Y, creyendo que sabíamos algo sobre viajar grupalmente, emprendimos un viaje del cual no regresaríamos. Porque el aprendizaje del que fuimos actores caló tan hondo, que ya nunca más fuimos los mismos y regresaron otros. Suponíamos que sabíamos, pero recién entonces íbamos a aprender. Dos años por Latinoamérica, paso a paso, metro a metro, como decían nuestros hermanos Flamini. Una experiencia estructural que nos hizo develarnos. Descubriendo este continente, nos descubrimos. Si las primeras dos giras fueron escuelas para nosotros, esta fue una maestría. Y cada país fue como una cátedra diferente. Salimos cuatro por Chile más Inti. Fuimos más  en algunos tramos. Ecuador es cuna de nuestro nuevo nacimiento: Un Cuento Negro trae en sí misma una nueva era. En Colombia se unió Caro y fuimos cinco, aunque pareciéramos trece en Cartagena. En Panamá apareció la Pichi y toda la troupe de deliroides amigos. Pichi se quedó y entonces fuimos seis. Por Centro-América fuimos familia para sobrevivir. En México fuimos ejército de alegría y de acción. Fuimos caravana. Rebote de poder en el desierto. Llegó La Colo a nuestras tropas. La camioneta que nos regresó desde México hasta el lejano sur donde es nuestro hogar. En La Colo volvimos, azotados por el volver, pero fuertes como pumas. Mil golpes no nos tiraron. Mil y un sonrisas volvimos a desplegar en los rostros moretoneados. Ni el mar nos cortó el camino. Ni la enfermedad, ni el predestino. Volvimos a Buenos Aires una noche de diciembre. Con placa mexicana y polvo de toda América. Entramos por el norte a nuestro origen. Con los rostros iluminados por la experiencia y por las luces de la ciudad que no nos esperaban. Cansados pero felices. Sin poder comprender. Incrédulos de lo que estábamos viviendo. Pero más calmos, más grandes. Más grupo.

Y el traspié que sobrevenía, lo confirmó. Éramos una pandilla difícil de romper.

Cuarta Gira.

Ese año 2010, tardamos varios meses en reconstruir el trabajo perdido por una fruta caída sin madurar. Pero no hay vacío que no se deje completar. Y allí llega la nueva savia. Fede volvía a las filas algunos años y algunas obras después. Entonces Fede en Negro, yo soy Victorio, en Libres todo el mundo, hasta Wezkit, hasta el Inti allá en Colombia. Reagrupamiento general. Se viene una nueva gira. Distinta. Programada, en parte. Más acotada e intensiva. Más profesional.

Primero nuestra intervención política en Paraguay. Foro Social de las Américas en Asunción amable. Acto colectivo porque sí. Porque así pensamos. Porque así soñamos.

Después la abundancia de Colombia en todo su esplendor. Un ir y venir por toda esa diversidad agrupada bajo el nombre de país. Un enorme quehacer artístico y social. Un lugar importantísimo. Festivales, ruedos. Necesidad de teatro por doquier. Bienvenitud colectivizada en cada llegar nuestro. Fertilidad de las propuestas. Encuentros de la profundidad.

Cuatro meses intensivos entre Colombia y Paraguay.

Quinta Gira.

La gira mexicana. Volver a México fue como volver a cierto origen. También a cierto final. Regresar a un punto que fue de partida para comprender de dónde se viene y a dónde hemos llegado. Qué fue toda aquella propulsión feroz. Ese tornado que nos arrojó por toda la América grande. Y allí, gracias al intento sostenido y confiado del Tieso, volvimos a pasearnos por dos lunas. Un equipo más grande y más fuerte se zambulló en un torrente de aventuras teatrales, y no tanto. Días opuestos ordenados de un modo espontáneo. Paisajes místicos de pirámides o desiertos terracotas de acero y calor. Ciudades enormes o caseríos en el fin del mundo normal. Poderes oscuros y el abuelo Jícuri protegiendo el norte. Amigos, carnales, un familia que nos hizo felices. México picante y México dulce.

Sexta Gira.

El epílogo de una gran etapa. El fin de una manera, que fue una, aunque fue cambiando. Una etapa de muchos años y de muchos lugares. Cientos de corazones que en este intento se sincronizaron. Final de una gran etapa. Coronación de un proceso. Otros cuatro meses más de esa Colombia interminable. Después una caricia de Venezuela. Y la contundencia simbólica de llegar a Cuba. Una especie de fresa sobre la torta. El punto y aparte de un párrafo integral. Equipo firme y nuestro último nacimiento, la criatura infernal que ha llegado a por todo: Rojo. Regreso fortalecidos, familia, decisión. Regreso festivo. Diez años nos abrazan.